En el marco de su plan de acción, la Comisaría Nacional para la Espiritualidad de los Scouts de Senegal, en colaboración con los Scouts y Guías de Francia, organizó un campamento de formación dirigido a todos los actores espirituales del movimiento bajo el tema del diálogo interreligioso. Este tiempo de intercambio, apertura y escucha nos permitió tomar mayor conciencia de la necesidad de formarnos en el diálogo para acompañar mejor a los jóvenes y contribuir a la construcción de un mundo más fraterno y pacífico. Esta paz, que constituye uno de los grandes fines de nuestro compromiso scout, solo puede construirse aprendiendo a conocernos mejor a nosotros mismos, a conocer mejor al otro y a acoger las diferencias como una riqueza querida por Dios.
Este encuentro también nos llevó a reflexionar sobre el lugar de la espiritualidad en el movimiento scout. Es preciso constatar que, aunque constituye el primer principio del escultismo, esta dimensión aún se relega con demasiada frecuencia a un segundo plano, o incluso está ausente en algunos de nuestros encuentros. Sin embargo, la espiritualidad no es una actividad entre otras: es una dimensión transversal que impregna toda la pedagogía scout. Por eso invitamos a cada scout, sea cual sea su tradición religiosa, a volver a las fuentes del escultismo y a vivir plenamente esta dimensión fundamental. También recordamos que los acompañantes espirituales deben ser capaces de responder a las profundas expectativas de los jóvenes, escuchándolos con atención, ejerciendo un discernimiento iluminado y guiándolos con paciencia por el camino del bien.

Pero, ¿cómo hacer que esta ambición sea realmente efectiva?
La respuesta es clara: a través de la formación.
Formar a los responsables es una exigencia ineludible. El acompañante espiritual debe disponer de los conocimientos, competencias y actitudes necesarias para ejercer su misión con rectitud. La formación espiritual del responsable scout no puede limitarse a una simple iniciación a la catequesis. También debería permitirle adquirir bases sólidas en la Doctrina Social de la Iglesia, el Catecismo de la Iglesia Católica, la liturgia y el conocimiento de la Sagrada Escritura. El objetivo no es hacer de cada responsable un teólogo o un especialista, sino ofrecerle una formación lo suficientemente sólida como para alimentar su propia vida espiritual y servir con mayor competencia a los jóvenes que se le confían.
En el contexto del escultismo católico, esta formación debe abrirse naturalmente a la dimensión del diálogo interreligioso. Un acompañante espiritual no puede ignorar las grandes tradiciones religiosas presentes en su entorno. Si bien el movimiento está abierto a todos, debemos ser capaces de profundizar en nuestra propia fe al mismo tiempo que desarrollamos una verdadera cultura del encuentro. Conocer al otro no debilita nuestra identidad; al contrario, nos ayuda a comprender mejor nuestra propia tradición y a construir relaciones basadas en el respeto, la confianza y la paz. La diferencia se convierte entonces en una riqueza, una fuente de sabiduría, integración y fraternidad.
Una segunda dimensión esencial de la formación se refiere al conocimiento del propio movimiento scout. Esta exigencia es particularmente importante para los sacerdotes, religiosos, religiosas, hermanas y hermanos consejeros que se unen al movimiento. El escultismo es el primer movimiento juvenil del mundo. Posee un método educativo original, un lenguaje, símbolos, tradiciones, una pedagogía y una organización propias. Es difícil acompañar eficazmente a los jóvenes en una realidad que no se conoce lo suficiente. Un mejor conocimiento del escultismo permitirá a los acompañantes hablar el mismo lenguaje que los jóvenes, comprender mejor su progresión y guiarlos con mayor pertinencia en el cumplimiento de su deber hacia Dios, hacia los demás y hacia sí mismos.
Por último, una tercera dimensión de la formación concierne al conocimiento de la persona humana, así como a la creación de un entorno sereno, seguro y protector. Los jóvenes de hoy se enfrentan a menudo a muchas fragilidades y buscan adultos creíbles capaces de escucharlos sin juzgarlos. Nuestras unidades scouts deben convertirse en verdaderos espacios de confianza donde cada joven se sienta acogido, respetado, valorado y protegido. Esto supone que los responsables estén formados en materia de escucha, discernimiento, acompañamiento educativo, prevención de abusos y protección de menores y personas vulnerables. Ofrecer un entorno seguro no es una opción; es una responsabilidad moral y educativa que forma parte plena de nuestra misión.
De este modo, un responsable bien formado en todas estas dimensiones se convierte en un verdadero guía. Inspira confianza, escucha con benevolencia, discierne con sabiduría y acompaña con verdad. No transmite únicamente conocimientos, sino sobre todo un testimonio de vida. Sin embargo, esta transmisión solo será fecunda si nosotros mismos vivimos lo que enseñamos. Como recordaba Baden-Powell, el ejemplo personal sigue siendo el primer método de educación.
Por lo tanto, la formación no es un lujo, sino una exigencia. Constituye el fundamento de un acompañamiento de calidad y la condición para un escultismo fiel a su vocación educativa y espiritual. Formar a los jefes, capellanes, hermanas y hermanos consejeros es invertir en el futuro del movimiento. Es permitir que cada educador se convierta en un artesano de la paz, un testigo creíble de su fe y un guía capaz de conducir a los jóvenes hacia una vida plenamente humana, arraigada en Dios, abierta a los demás y decididamente comprometida al servicio del mundo.
Padre Youssouph Stev YOUM, sm. Comisario Nacional para la Espiritualidad de los Scouts de Senegal
