El año 2000, año del Jubileo, es una ocasión para hacer el balance y ponerse en marcha de nuevo. No esperemos que la celebración del Jubileo nos dé algo mágico: será en la medida en que lo deseemos. Ciertos "desafíos" pueden ayudarnos ante todo a reflexionar con fin de saber lo que tenemos que proponer a los jóvenes que tienen confianza en nosotros y nos piden ayuda en el camino de la vida.
La autonomía no es independencia. Si actúo según mis sentimientos, soy como, un jinete sobre un caballo loco; si decido yo solo decretar como auténticos ciertos valores, mi horizonte puede cerrarse cada vez más. Queda el individualismo y la búsqueda del propio bienestar, ¿pero esto puede ser suficiente, no corremos el riesgo de asfixiarnos? La verdad es que estamos libres solo cuando reconocemos en la vida unas reglas superiores a nosotros mismos.
Entonces, si las soluciones al mal funcionamiento de la sociedad no están únicamente en el progreso y en la reforma de las estructuras, ¿dónde las vamos a encontrar? Debemos construir el corazón del hombre. Es decir, hay que educar en la confianza, hay que saber ir más allá de las apariencias para ver lo que es bueno y bello en los que están a nuestro lado.
Pero no es suficiente: el producto de nuestro trabajo depende también de las motivaciones; el mundo exterior depende de manera objetiva del mundo interior de los hombres. Lo sabemos muy bien: nadie puede dar lo que no tiene.
Si el hombre y la civilización no tienen una respuesta satisfactoria, entonces se puede dar la vuelta a la pregunta: ¿me busca la verdad? Si no llego solo a acercarme de la verdad, ¿puede ella acercarse a mí para decirme quién es, para decirme quién soy y por que existe el mundo?
¿Habla Dios? ¿Cómo habla? Nos dice que posee los secretos del universo como nadie más puede hacerlo, porque solo Él es el Creador: nos dice que conoce profundamente al hombre, porque es Él quien lo inventó, es Él quien lo quiso.
Asimismo, la verdad no es una gran teoría o un sistema, una ideología que pretende tener respuesta a todo; la verdad es Alguien. El Jubileo es la ocasión de conocer este Alguien que es Jesús. Hay que encontrarle, escucharle, mirar su vida, ver como nos ama, intentar conocerle y hablarle. Por eso, Jesús no nos enseñó verdades complicadas, simplemente nos dijo: "Soy el Camino, la Verdad y la Vida".
Se presentan algunos desafíos para afrontar el futuro en este nuevo milenio, para trabajar juntos en la construcción de esta civilización del amor en la que todos soñamos. Pero es necesario, como condición previa, asumir el desafío de nuestra conversión personal. El amor no podrá ganar si no renunciamos al mal, al pecado que está en nosotros. Dios no es el rival contra quien luchar, es un Padre que quiere nuestra felicidad y que tiene confianza en nosotros. Somos nosotros quienes debemos aceptar su propuesta y su presencia. Por eso, si queremos cambiar el mundo para dejarlo un poco mejor de como lo hemos encontrado, habrá que dejarle su sitio a Dios. La transformación del mundo empieza en nuestro interior, y esto nos conduce a una experiencia maravillosa. Recordemos lo que escribía Don Mazzolari: "La noche empieza por la primera estrella, el torrente por la primera gota, el fuego por la primera chispa, el amor por el primer sueño". ¿Por qué no podemos ser la primera chispa, la primera estrella, la primera gota, el primer sueño para empezar algo?
Renato Boccardo
Responsable Sección Jóvenes
Pontificium Consilio pro Laicis